Gramos de odio

He visto en estos años a adultos hechos furias y jamás ninguno me ha dado miedo. Todos lo hacen porque piden algo o necesitan alguna cosa… Amor, sexo, trabajo o respeto… Se alza mucho la voz para conseguir o por haber perdido alguna de estas cuatro cosas.

Ella nos había inyectado toneladas de pasión positiva y amor, y todo aquello había naufragado en nosotros por los gramos de odio que sentíamos hacia padre… El mundo no debería ser así, no debería pesar tanto lo que no tiene valor…

Albert Espinosa – Brújulas que buscan sonrisas perdidas

pexels-photo-458497.jpeg

De los cuatro motivos citados, el sexo y el trabajo parecen los más fáciles de detectar y también de reconocer.

Las deficiencias en el amor y en el respeto presentan más dificultades. Cuesta admitir que no nos quieran e indigna percibir que no nos respetan.

Pero tal vez nos respetan. Por supuesto que hay gente que no respeta y el respeto es una parte esencial de la autoestima, de la autoconfianza. En la mayoría de los casos no se trata de algo personal, tiene más que ver con la persona que falta al respeto que con “la faltada”. Son sus cuentas pendientes, no las nuestras.

Gritamos, insultamos, en defensa propia, para hacernos respetar, no para faltar al respeto.

Pero tal vez nos quieran, tal vez nos cuesta ser queridos o queremos ser queridos de otra manera. Muchas veces la falta de amor esta dentro, más como una manera de inspirar compasión que como una realidad. Somos una parte valiosa de este mundo y merecemos ser amados, pero el amor está más relacionado con el dar que con el recibir.

Amar, incondicionalmente, desinteresadamente, es la forma más segura de ser amado. La autocompasión, la queja, debilita, empobrece; amar es enriquecedor, fortalecedor, la mejor forma de vivir.

Los gramos de odio tienen demasiada influencia en nosotros mismos, en nuestras vidas, y el mundo no debería ser así, no debería pesar tanto lo que no tiene valor, empecemos a quitarle peso.